Una landing anda entre US$450 y US$900; un sitio corporativo, entre US$1.200 y US$2.500. Pero un rango de cuatro a uno no es un precio: es una forma de no contestar. Qué lo mueve dentro del rango, qué va a pagar los tres años siguientes, y cuándo conviene empezar por algo más chico.
La respuesta corta, y por qué no le alcanza
Estos son los rangos que manejan hoy las agencias costarricenses. No son nuestros precios: son el mercado, para que sepa dónde está parado antes de pedir una cotización.
- Landing page (una sola página, para una campaña o un servicio): US$450 a US$900.
- Sitio corporativo (institucional, varias secciones): US$1.200 a US$2.500.
- Tienda en línea: US$1.800 a US$4.500, según cuántos productos e integraciones lleve.
- Plataforma a la medida: desde US$3.500, y sin techo definido.
Un rango de cuatro a uno no es un precio
Ahí está la cifra que vino a buscar, y es la misma que va a encontrar en los otros ocho artículos que hay sobre esto en el país. El problema es que entre US$1.200 y US$2.500 por «lo mismo» hay una diferencia que paga un salario de un mes.
Lo que de verdad necesita saber es qué lo pone a usted en un extremo o en el otro, y cuánto va a pagar los tres años siguientes — que es la parte que casi nadie escribe.
Las cinco cosas que mueven el precio
1. Quién la hace. Un freelance que empieza cobra US$150 por una landing; una agencia puede cobrar US$1.500 por esa misma landing. No siempre lo caro es mejor, pero la diferencia suele aparecer cuando algo se cae un viernes a las 6 p. m. y hay que ver quién contesta.
2. Si el diseño es propio o es una plantilla. Una plantilla comprada y adaptada cuesta una fracción, y para muchos negocios es la decisión correcta. Lo que no está bien es pagar precio de diseño propio y recibir una plantilla: se reconoce porque el sitio se parece a otros tres del mismo rubro.
3. Cuántas pantallas distintas tiene. No cuántas páginas: cuántas pantallas distintas. Veinte fichas de producto que usan el mismo molde cuestan casi lo mismo que una. Cinco secciones que se ven cada una diferente cuestan cinco veces.
4. Si tiene que hablar con otro sistema. Un sitio que solo informa es una cosa. Uno que consulta el inventario, cobra con tarjeta o emite una factura electrónica es otra, y es la que explica la mayoría de los saltos de precio.
5. Quién carga el contenido. Los textos, las fotos, los productos. Si los pone usted, baja el precio; si los tiene que escribir la agencia, eso es trabajo y se cobra. Es donde más proyectos se atrasan: el sitio está listo y lleva dos meses esperando las fotos.
Lo que cuesta después, que es donde está la sorpresa
El precio de construirla se paga una vez. El de tenerla viva se paga todos los meses, y hay dos formas de que se lo cobren.
La primera: cada cosa por separado. El dominio (entre US$12 y US$40 al año, y un .cr cuesta más que un .com), el hospedaje, el certificado de seguridad, los respaldos, las actualizaciones. Cada factura por su lado, cada proveedor con su renovación.
La segunda: una mensualidad que incluye todo. Es como trabajamos nosotros: el alquiler de software lleva dentro el hospedaje, el soporte, las actualizaciones y los respaldos, y los planes arrancan en US$20 al mes. No es que salga gratis: es que sabe cuánto es y no aparecen cobros sueltos.
Y el que nadie cotiza: cada cambio de contenido. Si cambiar una foto o un precio hay que pedirlo y pagarlo, el costo real del sitio se duplica en dos años. Un sitio con panel propio cuesta más al construirlo y menos a partir del sexto mes. Sume tres años antes de comparar dos cotizaciones: la barata muchas veces deja de serlo en el mes catorce.
Antes de firmar, pida que la cotización diga estas cinco cosas
Ponga las dos cotizaciones lado a lado y busque estas líneas. Si una no las trae, no es más barata: está cotizando menos.
- ¿El diseño es propio o es una plantilla? ¿Cuál?
- ¿Cuántas revisiones entran en el precio antes de que empiecen a cobrarse aparte?
- ¿Quién escribe los textos y de dónde salen las fotos?
- ¿El sitio queda a nombre suyo? Dominio, hospedaje y código. Si el dominio queda a nombre de la agencia, usted no tiene su sitio: lo está alquilando sin saberlo.
- ¿Qué pasa el día después de entregado? Qué incluye el soporte y qué se cobra aparte.
Si el presupuesto no da, hay escalones antes del sitio completo
Dicho por alguien que las vende: no siempre hay que arrancar con el sitio de US$2.000. Hay escalones, y se pueden subir de a uno sin tirar lo anterior.
La ficha de Google Business. Gratuita. Si lo que necesita es que lo encuentren y lo llamen, una ficha bien llena —horario, fotos, teléfono, zona— rinde más que un sitio de US$1.500 que nadie visita. Es lo primero que hay que tener, aunque después haga todo lo demás.
Una sola landing page. Una página, un mensaje, un botón. Sirve cuando hay un solo servicio que explicar o una campaña que sostener, y es el escalón natural si va a pautar: la pauta necesita un lugar donde aterrizar, no un sitio entero.
Un catálogo en línea sin carrito. Muestra los productos con foto, descripción y precio, y el pedido se cierra por WhatsApp. Cuesta una fracción de una tienda completa y resuelve el 80 % de los casos: la mayoría de los negocios que piden una tienda en realidad necesitan que el cliente vea qué hay y cuánto vale.
Lo importante es que el escalón de hoy no estorbe el de mañana. Un catálogo bien armado se convierte en tienda agregándole el carrito; una landing hecha sobre la misma base del sitio crece a sitio completo. Pregunte eso antes de contratar: si lo que le entregan hay que tirarlo para crecer, no era un escalón.
El caso donde los rangos dejan de aplicar: cuando el sitio además factura
Una tienda en línea que cobra con tarjeta todavía le deja a usted el trabajo de emitir la factura: entrar al sistema, volver a digitar los datos del cliente, los productos y los montos que la tienda ya tenía, y mandarlos a Hacienda. Por cada pedido. Lo que se vendió a las once de la noche se factura al día siguiente, a mano, con el riesgo de equivocarse en el consecutivo o en el CABYS.
Un sitio conectado al sistema de facturación hace eso solo: el pedido entra, la factura sale ante Hacienda con su consecutivo correcto, el inventario se descuenta y el comprobante le llega al cliente por correo. Nadie vuelve a digitar nada.
Eso no es una integración que se agrega después: cambia cómo se arma el sitio desde el primer día. Por eso conviene preguntar, antes de firmar, si quien le va a hacer la página sabe lo que es un comprobante 4.4 — o si va a tener que contratar a alguien más para esa parte.
Preguntas frecuentes
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Este artículo es información general, no asesoría tributaria ni legal, y refleja las reglas vigentes a la fecha de su última actualización. Para su caso concreto, consulte a su contador.
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